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18/1/13

FOLLIES






MÚSICA Y LETRAS: Stephen Sondheim
LIBRETO: James Goldman
TRADUCCIÓN: Roser Batalla y Roger Peña
DIRECCIÓN MUSICAL: Pep Pladellorens
DIRECCIÓN DE ESCENA: Mario Gas
ESCENOGRAFÍA: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso
VESTUARIO: Antonio Belart
ILUMINACIÓN: Paco Ariza
VÍDEO-ESCENA: Álvaro Luna
COREOGRAFÍAS: Aixa Guerra y Luis Méndez (claqué)
PRODUCCIÓN: Teatro Español
REPARTO: Vicky Peña, Carlos Hipólito, Muntsa Rius, Pep Molina, Massiel, Asunción Balaguer, Linda Mirabal, Teresa Vallicrosa, Mónica López, Marta Capel, Diego Rodríguez, Julia Möller, Ángel Ruiz, Joana Estebanell, Mamen García, Lorenzo Valverde, Josep Ruiz, Gonzalo de Salvador (Mario Gas), Nelson Toledo, María Cirici, Marisa Gerardi, Antonio Villa.
DATOS DE LA FUNCIÓN: Teatro Español (Madrid), marzo de 2012.
DURACIÓN: 3 h (intermedio incluido)







Ya me quedan pocas primeras veces. Y puedo decir, bien feliz, que mi primer musical fue Follies. Cierto es que no es el típico musical de la Gran Vía madrileña en un teatro con nombre mutado al de la marca patrocinadora –todavía no he logrado quitarme ese prejuicio–. Y que tampoco llegaré a ser una fan de este género con el que, salvo alguna excepción cinematográfica, no conecto por ampuloso y falto de naturalidad. Pero esta primera vez ha sido más que grata. Y eso, dicen, es difícil.

 Dirige Mario Gas y encabezan cartel Carlos Hipólito y Vicky Peña. Casi nada. Secundados por unos magníficos Muntsa Ríos y Pep Molina, a los que acompañan Asunción Balaguer y Massiel. Sí: Massiel, imponente y grandiosa en su solo “I’m still here”, aunque no sabía si interpretaba o hacía de sí misma. El espectáculo estaba marcado por el morbo que suponía ver a Mario Gas en su último y esplendoroso espectáculo como director del Teatro Español (y esa fea polémica que rodeó a su despido),  aderezado por el hecho de que interpretara el papel de Weissman, con esa frase final tan significativa.



El resultado es un montaje espectacular en su más amplio sentido, dirigido por la inteligente visión teatral que tiene Gas y con unos actores que gozaban y con muy buenos trabajos de los cuatro protagonistas de entre los que destacan Pep Molina y, sobre todo, Muntsa Rius. Como pez en el agua estaba Vicky Peña que, como siempre, sobresale interpretativamente por trabajos brillantes y perfeccionistas; Carlos Hipólito, no tan pez en el agua, suple con solvencia su falta de rodaje en este género a base de ganas y seriedad. De la parte más teatral, destaco la escena entre los cuatro protagonistas y sus dobles jóvenes: magníficamente resuelta y bien ejecutada.  Confieso que no tengo idea de música, pero tengo claro que  los músicos hacían un trabajo sobresaliente. Eché de más minutos y algunos números de la segunda parte -más musical que teatro- pero es que esto, señores, es un musical.





MICROTEATRALIZANDO






DESMONTANTO A BLANCANIEVES
AUTOR Y DIRECCIÓN: Juan Mairena
ESCENOGRAFÍA: La Máquina tipográfica
VESTUARIO: Íñigo Sabada
REPARTO: Dolly Drag, Olivia Bagliv, David Aramburu y Juan Logar.



NOSOTROS 2023
AUTOR: Daniel Sánchez Arévalo
DIRECCIÓN: Raúl Arévalo
REPARTO: Víctor Clavijo, Sandra Collantes, Alicia Rubio, Font García/Canco Rodríguez/Iñake Ardana



ADENTRO
AUTORA: Carolina Román
DIRECCIÓN: Tristán Ulloa
REPARTO: Carolina Román y Nelson Dante




El formato de microteatro es al teatro lo que el cuento a la novela. A falta de experiencia en otras salas de formato parecido, es la primera conclusión a la que he llegado tras ver los microespectáculos Desmontando a Blancanieves, Nosotros 2023 y Adentro.  Y de momento, solo puedo decir que es un formato que me encanta.
El microteatro sufre de condensación e intensidad por su naturaleza: espacio reducidísimo, breve duración, pocos personajes, número acotado de espectadores. Una habitación, quince minutos, unos cuatro personajes, quince espectadores. Y  este formato de menos es más tiene muchas ventajas: facilita el consumo (4€ cada sesión en múltiples pases cada noche), se facilita la sustitución de actores, se establecen futuras asociaciones creativas, permite probar recursos dramatúrgicos, interpretativos, de dirección… en fin: jugar. Si el espectáculo es infumable, el espectador sufrirá brevemente; si la pieza es fantástica, gozará intensamente ese ratico. Sin embargo, como en los cuentos, si se falla en el planteamiento inicial el fracaso puede soplar en la oreja.
Y es que a mí, a pesar de que me guste el teatro a la italiana, me chifla que se le pongan bombas que obliguen a las artes escénicas a tirar hacia adelante: la reducción a un espacio mínimo y un tiempo muy acotado condicionan hasta el punto de que se adapta el lenguaje escénico y se anima tanto a afinar la dramaturgia como a dar giros textuales finales. La cercanía impide la falsedad interpretativa y potencia la creación de atmósferas. Y todo ello lleva a una modificación en la relación público-actores: todo es más intenso, más impactante, más simbólico y más íntimo.
El Microteatro da alegría tanto a quienes lo hacen como a quienes lo ven. Y eso es lo que me ha sucedido con los tres microespectáculos que hasta ahora he visto. Vayamos por orden cronológico.





-Desmontando a Blancanieves era una relectura escrita y dirigida por Juan Mairena sobre el cuento popular con inspiraciones botellescas. Desternillante, además. Para entenderlo deben recordar la historia de las peras y manzanas, obviamente. Y es que el formato chiquito y múltiple permite plantear ciclos temáticos y este microespectáculo estuvo en cartel coincidiendo con la semana del Orgullo. Yo sí que estoy orgullosa de que mi primera vez en Micro fuera con este pase especial que nos hizo la fantástica Dolly Drag para los tuiteatreros. No pude tener mejor estreno. 










-Nosotros 2023 Está firmado por el director de cine Daniel Sánchez Arévalo y dirigido por el actor Raúl Arévalo. Una pareja de vacaciones se replantea su relación. Se da cauce al monólogo interior de cada personaje con el recurso del doble actor para un mismo personaje: uno verbaliza los pensamientos, el otro las palabras. Cada actor puede dialogar tanto con su doble como con el pensamiento o el verbo del otro personaje El personaje, por lo tanto, parece un ser mitológico de dos cuerpos que se mueven al unísono o, por el contrario, que va en direcciones distintas. Y todo ello aderezado con una atmósfera muy conseguida y un ritmo fantástico. Me llegó. Chapeau hasta para los flotadores que había en el suelo.








-Adentro es sensibilidad y delicadeza aunque trate una historia cruda. Es la sensibilidad y delicadeza de su dirección, Tristán Ulloa; de unos actores, Carolina Román y Nelson Dante, con un envidiable canal de comunicación entre ellos. Pero, por encima de todo, Adentro es una atmósfera impactante, una tensión bien medida y una excelente dosificación de información que lleva al desasosegante giro final.

14/1/13

LOS OJOS


ESPECIAL ALCALÁ. Desamor y movimiento

 





DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: Pablo Messiez
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Alicia Calot
COREOGRAFÍA: Teresa Nieto
ILUMINACIÓN: Videoescena Eventos
PRODUCCIÓN: Teatro Fernán-Gómez, Centro de Arte Javier Naval
REPARTO: Fernanda Orazi, Marianela Pensado, Violeta Pérez y Óscar Velado
DATOS DE LA FUNCIÓN: Corral de Comedias (Alcalá de Henares), 18 de noviembre de 2012. 90 minutos.




Lo peor que se puede hacer con el dolor es desperdiciarlo. La frase no solo no es mía sino que es una ironía dramática vía twitter que me llegó ayer y sobre la que no paro de dar vueltas. Bendito dolor el de Pablo Messiez, quien ha sido capaz de transformar desamores personales en esta sinestesia emocional que es Los ojos: un melodrama sobre el desarraigo, la inseguridad y el despecho, sobre amores que se evaporan y no comprendes, amores que terminan y buscas. Pero también –y lo que es casi más importante– sobre la necesidad de seguir en movimiento. Un espectáculo que descoloca y estremece por su valentía, honestidad y verdad.
Aunque el punto de partida es la Marianela de Galdós, Messiez hace muy suya la trama y rápidamente va por otros derroteros: una madre, Natalia, seductora y desbordante pero marcada por un tremendo desamor y su hija Nela –que se sabe feúcha– son las protagonistas de la función. Luego están Pablo, ciego y tranquilo, el novio guapo de la acomplejada Nela y el objeto por el cual estas mujeres están en movimiento; y Chabuca, oftalmóloga que cura con la música, cuya inclusión en la obra me parece forzada pero necesaria puesto que es el personaje desequilibrante. Se presentan, por lo tanto, dos tramas: la de la hija y la de la madre. Ambas parece que marchan paralelas, casi estorbándose, para unirse luego en ese punto álgido que es “la escena de la tierra” y finalizar con un epílogo, de Natalia, que esconde una arriesgada pero bien resuelta elipsis argumental, la de Nela.
(Siempre que veo espectáculos firmados por autor-director cuya puesta en escena me parece mejor que el texto, me pregunto qué pasaría si lo montara un director que no fuera su autor. Realmente la pregunta no tiene la más mínima importancia porque cuando un espectáculo te llega a la patata y te secuestra emocionalmente tanto como este, estas y otras minucias no tienen relevancia)
Si Violeta Pérez (Chabuca) y Óscar Velado (Pablo) están estupendos solventando sus personajes, no se imaginan cómo están Marianela Pensado (Nela) y Fernanda Orazi (Natalia). Si alguien no tenía claro el concepto de organicidad, no tendría nada más que ver a estas dos grandes actrices mano a mano. La primera hace algo sumamente difícil: estar magnífica sin que se note y permitiendo que otro se lleve los focos. Y es que la composición de personajes de Nela y la capacidad que tiene para comunicar su inseguridad junto al hallazgo de la escena rezándole a la Virgen son para quitarse el sombrero. 


Lo de la segunda, la Orazi, es algo tan extraordinario que temo que pueda restarle en un futuro por falta de acompañantes o interpretando personajes primos de Natalia cuando me parece una actriz sin techo, con las emociones a flor de piel, que sostiene los estados del personaje como nadie dándole fuerza e intensidad a sus silencios, capaz de cautivar miradas en torno a sus ojos o sus manos y de hacerte pasar –como ella– de la risa al lagrimeo sin que te des cuenta. Aderecen todo eso con una energía arrolladora y  verdad interpretativa y se encontrarán con la Orazi: un huracán que cuando pasa te deja emocionalmente desbordado.
Y es que eso es Los ojos, pura turbación, puro sentimiento en un melodrama muy argentino que te ensucia tanto como se ha ensuciado su autor/director al llevar a tan buen puerto su proyecto, tanto como sus actores con esa tierra que pisan y de la que te hacen formar parte. Una vez abierta la ventanita del corazón, poco se puede hacer; lo difícil es aceptar que “tu lugar está donde esté alguien que te quiera”, y moverse.

13/1/13

DON JUAN EN ALCALÁ 2012





ESPECIAL ALCALÁ DE HENARES. El comienzo.






AUTOR: José Zorrilla
DIRECCIÓN: Jorge Muñoz
VERSIÓN: Emilio del Valle y Jorge Muñoz
DIRECCIÓN DE VERSO: Karmele Aranburu
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Emilio del Valle
COREOGRAFÍA: Teresa Nieto
ILUMINACIÓN: David Linde
VESTUARIO: Mª José Barta
MAESTRO DE ARMAS: Ángel Mauri
REPARTO: Cristóbal Suárez, Sara Rivero, Raúl Prieto, Chema de Miguel, Carolina Solas, Jorge Basanta, Antonio Ponce, Juan Orellana, Martín Puñal, Carlos Gomariz, María Mesas, María Ortega, Jacinto Motes de Oca, Estíbaliz Barroso, Laura Barta, Gabriel García, Álvaro Carvajal, Antonio Martín-Peñasco, Juan Pedro Verdejo
DATOS DE LA FUNCIÓN: Huerta del Palacio Arzobispal (Alcalá de Henares), 2 de noviembre de 2012.





Don Juan Tenorio nos dice que el amor es fruto de un flechazo, intenso, breve en el tiempo y doloroso. Ella, Doña Inés, cae en amor por una carta y ellos, Don Juan y Doña Inés,  apenas pasan tiempo juntos. Pero se enamoran. O al menos andaban en ello cuando el asunto se complica y Don Juan desaparece del mapa y  nos imaginamos que ella queda desolada, descompuesta y huérfana, sin comprender qué ha pasado, cómo puede ser tan canalla cuando a ella le pareció tan gallardo, tan enamorado y tan buen chico. Y la moza muere de tristeza. Pero Don Juan –como la mayoría– vuelve y se encuentra de narices con su conciencia en forma de estatua que habla. Y también muere. Pero, claro, estamos en el  Romanticismo, no en el Barroco –lástima de infierno…–, así que del más allá regresa la tonta de Inés –que sigue colada hasta las trancas de semejante canalla – y se lo lleva al cielo entre angelitos. Menudo dramoncio. Dramoncio que ustedes ya conocían, pero es que a mí me apetecía re-contarlo porque esto es un “especial” y en los especiales nos gusta salirnos del guion.
La subida de nivel de azúcar que me produce leer el texto de Zorrilla solo es comparable a la magia que me envuelve cuando se pone en escena: esa gozada de escena de la taberna,  los envites que se traen Don Juan y Don Luis, el encanto ñoño del “Doña Inés del alma mía”, la respiración contenida del público justo antes de la escena del “¿no es verdad, ángel de amor?”, la estatua poniendo a Don Juan en su sitio…
Don Juan Tenorio es, por lo tanto, una fiesta teatral. Y además es una fiesta que deberíamos celebrar –como el sexo– más y, sobre todo, mejor. En Alcalá de Henares parece que así lo han entendido y cada año se monta un Don Juan en Alcalá, con director y elenco diferente, en un descampado en el que caben miles de personas, y ya van por la vigésimo octava edición. Con la mala suerte de que no pillamos la edición buena porque el encanto de ver  Don Juan Tenorio con miles de personas a la fresca de noviembre fue más una tortura que una fiesta o un placer. Comenzando por la disposición escénica que no ayudaba para nada la acción y no facilitaba a los miles de espectadores que por allí andábamos; continuando por un texto capado en alguno de sus mejores parlamentos para estirar riñas de espadas y dar coba a las coreografías; y finalizando por la peregrina idea del flamenquismo en el Don Juan Tenorio  –por mucho que la acción transcurra en  Sevilla sigo sin ver nada de flamenquismo en esa obra–  y que se personificó en una bailarina de flamenco a la cual habían ataviado con un vestido rojo de danza contemporánea entre actores de siglo XVII y a la que, pobre de ella, le habían encomendado la misión de tapar con su baile literalmente los momentos más representativos: taberna, carta, ángel de amor y muerte de don Luis.
Menudo despropósito. Don Luis parecía Don Juan y Don Juan parecía el Christián de Edmond Rostand y Doña Inés no estaba nada segura con el texto. Nada de matices, todo prisas y ausencia total de poesía escénica: ¡con lo mucho que se puede hacer con poco y más en esta obra! Y como no podíamos más y como con la muerte de Don Luis desaparecía una de las motivaciones para ver el montaje, nos fuimos a tomar un caldito y unos pinchos. Y a seguir reviviendo el espíritu de Don Juan por nuestra cuenta (y riesgo).

31/12/12

ÉGLOGA DE PLÁCIDA Y VITORIANO


  CLASICORROS PRE-CLÁSICOS (segunda entrega)






AUTOR: Juan del Enzina
DIRECCIÓN y VERSIÓN: Catalina García García-Herreros
ARQUITECTURA ESCÉNICA: Catalina García García-Herreros
ILUMINACIÓN, ESPACIO SONORO: Catalina García García-Herreros
MOVIMIENTO ESCÉNICO: Catalina García García-Herreros
MÚSICA: Suso González
ESCENOGRAFÍA, UTILERÍA Y VESTUARIO: Teatro Lunático
PRODUCCIÓN: Teatro Lunático y Electra Teatro Universitario.
REPARTO: Pablo Coca, Julia Falero, Catalina García, Elizabeth Jeffrey, Roy Páramo, Erika Rodríguez, Miguel Tomé, Laura Oliete Juan Córdoba, Cristina del Castillo
DATOS DE LA FUNCIÓN: Biblioteca Torrente Ballester (Salamanca), 7 de junio de 2012


El esfuerzo de que un grupo de actores no profesionales lleven a buen puerto un texto del siglo XVI es casi hercúleo. No todo el mundo se atreve y, ojo, no todo el mundo tiene la ambición como la del grupo universitario Teatro Lunático, el cual, desde sus inicios, apuesta siempre por propuestas arriesgadas bien sea mediante la producción de textos propios o, como en este caso, con la puesta en escena de “autores difíciles”: no pretenden, por lo tanto, la risa fácil sino que buscan vivir la experiencia del teatro y su belleza, aunque en ocasiones, la intención sea tan excesiva que convierta el montaje en demasiado intenso.
Además de  motivaciones y retos artísticos, la propuesta de Égloga de Plácida y Vitoriano parte de una doble celebración bella y casual: los quinientos años de la obra y la reinaguración del teatro salmantino que lleva el nombre de su autor: el Juan del Enzina.
            Decía que el coraje era fuerte. La realización interpretativa, su trabajo: impresionante. Los actores, todos ellos aficionados, no solo decían bien el texto sino que lo respiraban como ya les gustaría a unas cuantas compañías. Cuando den el pasito de jugar con el texto, perderle un poquito el respeto y dotarlo con un abanico de intenciones que están ahí, habrán logrado superarse y dar un pasito más que les distinga de otros grupos.
            Hay momentos de gran belleza y delicadeza, una estética muy pensada, sobre todo con la escenografía, aunque a veces, tanto barroquismo podría asfixiar al propio montaje o despistar al espectador, que en general pensó que la escena “homenaje” a Romeo y Julieta era el final porque así parecía planteado, cuando no era así. Supongo que esto se solucionará cuando modulen los tempos de la obra, tomen la mesura como bandera e introduzcan más pluralidad de visiones. 

FARSAS Y ÉGLOGAS


CLASICORROS PRE-CLÁSICOS (primera entrega)





AUTOR: Lucas Fernández
DIRECCIÓN y DRAMATURGIA: Ana Zamora
ARREGLOS Y DIRECCIÓN MUSICAL: Alicia Lázaro
COREOGRAFÍA: Javier García Ávila
ASESOR DE VERSO: Vicente Fuentes
ESCENOGRAFÍA: David Faraco
VESTUARIO: Deborah Macías
ILUMINACIÓN: Miguel A. Camacho, Pedro Yagüe
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Juan Carlos Sanz
PRODUCCIÓN: Nao D’Amores y CNTC.
REPARTO: Sergio Adillo, Eva Jornet, José Vicente Ramos, Elena Rayos, María Alejandra Saturno, Juan Pedro Schwartz, Alejandro Sigüenza, Isabel Zamora.
DATOS DE LA FUNCIÓN: Teatro Juan del  Enzina (Salamanca), 9 de marzo de 2012. 1h 15 min.






Farsas y églogas es un soplo de aire fresco. Estarán conmigo que un texto prelopesco del XVI es poco atractivo de por sí. Pues bien, Ana Zamora y su troupe consiguieron que el auditorio del Teatro Juan del Enzina entendiera sin problemas el montaje (esas carcajadas, esos aplausos). El logro es doble si les digo que los actores no hablaban con los sonidos del castellano actual, sino los del XVI.  Y además, el concienzudo y meticuloso trabajo estaba presentado con suma delicadeza: su plástica, su lenguaje escénico, su música plenamente integrada en el espectáculo, esa maravilla que es el retablo final… hasta consiguieron que unos pastorcicos con cencerros devolvieran al público –en su mayoría “de provincias”– a nuestra infancia, gracias a esas evocaciones tan fantásticas del folkore (jotas, bailes, canciones, palos, cencerros…).
A eso únanle una grandísima labor coral interpretativa para hacer no solo comprensible ¡sino para hacer reír! mediante tonos de voz y lenguaje corporal lo que, a priori, sería casi imposible de entender. De ellos quiero destacar la intensidad de Sergio Adillo y la alegría contagiosa y capacidad comunicativa de Elena Rayos.
Una vez, Nao D’Amores vuelve a demostrar su amor por la literatura, jolgorio mediante un proceso de reconstrucción escénica impecable.
Imperdible si estás dispuesto a arriesgar y a dejar que te seduzcan.




NOCHE DE REYES








AUTOR: William Shakespeare
DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
VERSIÓN: Yolanda Pallín
ESCENOGRAFÍA: Carolina González
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
ILUMINACIÓN: Miguel Ángel Camacho
MÚSICA: Ángel Galán y Eduardo Vasco
PRODUCCIÓN: Noviembre Compañía de Teatro y Teatro Calderón de Valladolid.
REPARTO: Arturo Querejeta, Daniel Albadalejo, Jesús Calvo, Francesco Carril, Beatriz Argüello, Fernando Sendino, Maya Reyes, José Ramón Iglesias, Rebeca Hernando, Héctor Carballo, Ángel Galán (pianista)
DATOS DE LA FUNCIÓN: Teatro de la Abadía (Madrid), 1 de noviembre de 2012. 1 h 45 min





Eduardo Vasco se despidió por la puerta grande como director de la CNTC con Lope, comedia y los celos del fantástico El perro del hortelano dejando una estela de magnífica labor tanto como creador como gestor público. Tras esta vital etapa como creador regresa a su compañía, Noviembre Teatro y a sus orígenes, con otra comedia para hacer la difícil transición. De Shakespare, of course.
     Noche de reyes no es una de las comedias más conocidas de Shakespeare, aunque se volvió más  visible cuando en la película Shakespeare in love se refieren a ella y la muestran como inspiradora del personaje de Viola: una chica que, enamorada del teatro, se hace pasar por actor que interpreta a Romeo. Aquí es una mujer que interpreta el papel de Viola, que se hace pasar por un hombre, bien encarnado por Beatriz Argüello. De igual manera le pasa a su partenaire de escena, Daniel Albadalejo, quien siempre da el do de pecho (Idea: burlador -ya lo dije en su momento- o cualquier personaje con toque oscuro o malvado, porfa).
     La comedia plantea un juego de apariencias no solo durante el transcurso de su obra sino también en su planteamiento. El primero de todos, es que quienes mueven los hilos del enredo son los criados. Ahí tienes la seguridad de un actor de la calidad de Arturo Querejeta, de trayectoria curtida en mil batallas. Sin embargo, en conjunto, el grupo de los criados –presentados como primos lejanos de aquellos pretendientes de Diana en El perro del hortelano– me pareció excesivamente ruidoso y poco efectivo, con la sorprendente y muy agradable excepción de Héctor Carballo, con una transición fantástica y con un –ojalá– gran futuro como actor de comedia por delante.
     Otra trampa  es la de los espacios múltiples, un tanto aturullado todo con una escenografía más estética que funcional, aunque totalmente acorde con las propuestas estéticas que acompañan los montajes de Eduardo Vasco, de la que, como siempre y a mi placer, destaca el estilazo, lleno de finura y calidad, del vestuario de Lorenzo Caprile.
     Y me fui del teatro con la tranquilidad de que, aunque no es su mejor montaje, Eduardo Vasco es uno de los pocos directores fetiches que tengo que todavía no me ha defraudado.  

30/12/12

TEMPESTAD


TEMPESTAD, primer round








AUTOR: William Shakespeare
DIRECCIÓN, ADAPTACIÓN y ESCENOGRAFÍA: Sergio Peris-Mencheta
TRADUCCIÓN: Manual A. Conejero.
ILUMINACIÓN: Manuel Fuster
ESPACIO SONORO: Dudu Ruiz y Joe Alonso
MÚSICA ORIGINAL: Dudu Ruiz y Antonio Galeano.
TRABAJO DE CUERPO: Diana Bernedo
AYUDANTE DE DIRECCIÓN Y PERCUSIÓN: Pepe Lorente.
AUDIOVISUALES: Joe Alonso
PRODUCCIÓN: El Barco Pirata
REPARTO: Víctor Duplá, Quique Fernández, Antonio Galeano, Pepe Lorente, Xavier Murúa, Agustín Sasián, Eduardo Ruiz, Javier Tolosa
Vídeo
DATOS DE LA FUNCIÓN: Corrala Palacio del Caballero (Olmedo), 25 de julio. 2 h.






¿No os ha pasado que justo cuando estáis a punto, a punto, a punto de tener un orgasmo y un agente externo os estropea el momento (llamada, mensaje y mucho etc no nombrables aquí), el orgasmo se evapora dejándoos muy, muy calientes y con una sensación de frustración? Pues eso fue la representación de Tempestad: un orgasmo interrumpido por una tormenta que amenazaba desde el comienzo y que hizo acto de presencia cuando solo quedaba un cuarto de la función. Toma ironía dramática: una representación de la Tempestad de Shakespeare suspendida por una tormenta. Y además, una visita para nada bienvenida ni por los actores, que no pararon hasta que no se lo dijeron por megafonía; ni por los espectadores, que no buscamos refugio hasta que estábamos bien empapados. Y es que con esa comunión entre escena y espectadores no había ganas de parar: una atmósfera mágica muy propia de la obra se había creado.
Mi entusiasmo con esta obra radica en que la puesta en escena tiene una estilo con el que me siento muy identificada: un toque bandarra pero desde una seriedad en el trabajo, donde prima el juego teatral –no en vano es una propuesta metateatral– la imaginación, un trabajo actoral potente, en el que, además hay un apuesta encomiable sobre el aspecto físico y un tratamiento estético exquisito. Eso unido al juego metateatral se propone antes del comienzo de la función e implica lúdicamente al público quien percibe cómo los actores se lo están pasando chachi y él también se lo pasa, pues como que me enamoro un poquito.
Y como los orgasmos no hay que dejarlos a medias, repito en las Naves del Matadero en breve: espero que los efectos especiales no se les vayan de las manos esta vez y que pueda repaladear a placer el Calibán de Javier Tolosa, la múltiples posibilidades de la escalera, la arena y el cubo… en fin, el golferío descarado de la puesta en escena.

HAMLET



HAMLET: su cara y su cruz





AUTOR: William Shakespeare
DIRECCIÓN: Will Keen
TRADUCCIÓN, VERSIÓN Y CO-DIRECCIÓN: Mª Fernanda Ache
ESCENOGRAFÍA: Paco Azorín
VESTUARIO: Ikerne Giménez
ILUMINACIÓN: Valentín Álvarez
SONIDO: Mariano García
MOVIMIENTO ESCÉNICO: Antonio Gil
LUCHA ESCÉNICA: Jesús Esperanza
PRODUCCIÓN: Teatro Español
REPARTO: Pedro Casablanc, Antonio Gil, Javivi Gil Valle, Pablo Messiez, Pau Roca, Secun de la Rosa, Alberto San Juan, Yolanda Vázquez, Ana Villa
DATOS DE LA FUNCIÓN: Naves del Matadero (Madrid), 26 de junio de 2012. 3 h, con intermedio.
Partamos de mi relación masoquista con Hamlet: me cae gordo porque es un pesado que tarda tres horas en decidirse y no hace más que darle vueltas al asunto. Sin embargo, paradójicamente, no dejo de ver Hamlets: Lluís Homar, Ginés García Millán, Alberto San Juan… Y este Hamlet  es capaz de lo mejor y de lo peor.
Para terminar con regusto positivo, empezaré primero con la cruz. Y qué cruz. Es numéricamente inferior a la positiva pero parece que pesa más que esta. En general, la interpretativa: Yolanda Vázquez con una interpretación culturalmente lejana a nuestro panorama nacional, Secun de la Rosa todavía –para mí– muy personaje de Aída, Pau Roca difuso, Ana Villa muy poco Ofelia… ¿Y el prota? Pues Alberto San Juan –del que, irónicamente, soy fan declarada– muy muy alto desde el comienzo, demasiado intenso para mí, poco matizado y no hubiera sido capaz de llegar a los miles de estados de ánimo, pensamientos y razonamientos del protagonista por excelencia si no fuera porque conocía la obra y sabía qué era lo que estaba pasando.
En la transición hacia lo maravilloso de este montaje se encuentran Pablo Messiez y Pedro Casablanc. El segundo es uno que destaca por una insólita regularidad en la calidad de sus interpretaciones, bien sea en teatro o serie de TV, un actor muy técnico; y esa regularidad es siempre discreta y más que notable, pero le falta el punto de emoción que le llevaría a un escalón más en la escalera de la excelencia. Por su parte, Messiez sigue siendo un misterio para mí pues percibo en él una gran calidad y sensibilidad como actor pero, por desgracia, no se demuestra en este Horacio, al que se ha convertido en un personaje bastante sosi. Habrá más oportunidades.
Es curioso todo lo que he comentado hasta ahora porque choca bastante con algunas brillantes resoluciones escénicas: pienso en la escena del dormitorio de Gertrudris, el duelo Hamlet-Laertes, la escena del enterrador, la rueda de prensa del comienzo, el juego espacial de la primera escena entre Hamlet y Ofelia... Y es que tanto la lectura que han hecho Will Keen y Mª Fernanda Ache del texto es interesantísima y me place notablemente; como el reflejo que esta ha tenido en la espectacular e increíble escenografía y el uso del espacio escénico, que daban vida y dejaban respirar el texto que era una maravilla.
(Llegado a este punto me parece lícito recordar que esto se produce porque el espacio teatral –las Naves del Matadero no es un teatro a la italiana, y para la escena del siglo XXI, este tipo de espacios dan para mucho juego).
            Desde luego, si hay alguien que destaca de este montaje, esos son Antonio  Gil y Javivi. Estos sí que dan la cara. El primero, espectacular con sus seis personajes, de los cuales destaca la escena del enterrador. El segundo estaba inmenso: qué exhibición de Javivi, qué de matices da a su Polonio, cómo convencía, qué profundidad y convencimiento en esa interpretación y, lo que es más importante, qué buena la calidad humana que lograba transmitir con su personaje. Más personajes con peso para Javivi, por favor.