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30/12/12

HAMLET



HAMLET: su cara y su cruz





AUTOR: William Shakespeare
DIRECCIÓN: Will Keen
TRADUCCIÓN, VERSIÓN Y CO-DIRECCIÓN: Mª Fernanda Ache
ESCENOGRAFÍA: Paco Azorín
VESTUARIO: Ikerne Giménez
ILUMINACIÓN: Valentín Álvarez
SONIDO: Mariano García
MOVIMIENTO ESCÉNICO: Antonio Gil
LUCHA ESCÉNICA: Jesús Esperanza
PRODUCCIÓN: Teatro Español
REPARTO: Pedro Casablanc, Antonio Gil, Javivi Gil Valle, Pablo Messiez, Pau Roca, Secun de la Rosa, Alberto San Juan, Yolanda Vázquez, Ana Villa
DATOS DE LA FUNCIÓN: Naves del Matadero (Madrid), 26 de junio de 2012. 3 h, con intermedio.
Partamos de mi relación masoquista con Hamlet: me cae gordo porque es un pesado que tarda tres horas en decidirse y no hace más que darle vueltas al asunto. Sin embargo, paradójicamente, no dejo de ver Hamlets: Lluís Homar, Ginés García Millán, Alberto San Juan… Y este Hamlet  es capaz de lo mejor y de lo peor.
Para terminar con regusto positivo, empezaré primero con la cruz. Y qué cruz. Es numéricamente inferior a la positiva pero parece que pesa más que esta. En general, la interpretativa: Yolanda Vázquez con una interpretación culturalmente lejana a nuestro panorama nacional, Secun de la Rosa todavía –para mí– muy personaje de Aída, Pau Roca difuso, Ana Villa muy poco Ofelia… ¿Y el prota? Pues Alberto San Juan –del que, irónicamente, soy fan declarada– muy muy alto desde el comienzo, demasiado intenso para mí, poco matizado y no hubiera sido capaz de llegar a los miles de estados de ánimo, pensamientos y razonamientos del protagonista por excelencia si no fuera porque conocía la obra y sabía qué era lo que estaba pasando.
En la transición hacia lo maravilloso de este montaje se encuentran Pablo Messiez y Pedro Casablanc. El segundo es uno que destaca por una insólita regularidad en la calidad de sus interpretaciones, bien sea en teatro o serie de TV, un actor muy técnico; y esa regularidad es siempre discreta y más que notable, pero le falta el punto de emoción que le llevaría a un escalón más en la escalera de la excelencia. Por su parte, Messiez sigue siendo un misterio para mí pues percibo en él una gran calidad y sensibilidad como actor pero, por desgracia, no se demuestra en este Horacio, al que se ha convertido en un personaje bastante sosi. Habrá más oportunidades.
Es curioso todo lo que he comentado hasta ahora porque choca bastante con algunas brillantes resoluciones escénicas: pienso en la escena del dormitorio de Gertrudris, el duelo Hamlet-Laertes, la escena del enterrador, la rueda de prensa del comienzo, el juego espacial de la primera escena entre Hamlet y Ofelia... Y es que tanto la lectura que han hecho Will Keen y Mª Fernanda Ache del texto es interesantísima y me place notablemente; como el reflejo que esta ha tenido en la espectacular e increíble escenografía y el uso del espacio escénico, que daban vida y dejaban respirar el texto que era una maravilla.
(Llegado a este punto me parece lícito recordar que esto se produce porque el espacio teatral –las Naves del Matadero no es un teatro a la italiana, y para la escena del siglo XXI, este tipo de espacios dan para mucho juego).
            Desde luego, si hay alguien que destaca de este montaje, esos son Antonio  Gil y Javivi. Estos sí que dan la cara. El primero, espectacular con sus seis personajes, de los cuales destaca la escena del enterrador. El segundo estaba inmenso: qué exhibición de Javivi, qué de matices da a su Polonio, cómo convencía, qué profundidad y convencimiento en esa interpretación y, lo que es más importante, qué buena la calidad humana que lograba transmitir con su personaje. Más personajes con peso para Javivi, por favor. 

12/11/09

La casa de Bernarda Alba




“LA…”






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LA CASA DE BERNARDA ALBA

AUTOR: Federico García Lorca
DIRECCIÓN: Lluís Pascual
INTÉRPRETES: Nuria Espert, Teresa Lozano, Rosa Vila, Marta Marco, Nora Navas, Rebeca Valls, Almudena Lomba, Rosa María Sardá, Tilda Espulga, Marta Martorell, Montse Morillo, Bàrbara Mestanza
ESCENOGRAFÍA: Paco Azorín
DISEÑO DE SONIDO: Roc Mateu
MÚSICA: Joseph M. Arrizabalaga
ILUMINACIÓN: María Domènech
VESTUARIO: Isidre Punés
AFORO: Completo
DURACIÓN: 1h 40 min. sin descanso
LUGAR: Naves del Español, Matadero de Madrid, Madrid, 21 de octubre de 2009, 20:30.



Siempre me ha llamado la atención que se utilice el apellido para referirse a un hombre. Y más todavía que se utilice el artículo delante del nombre o del apellido para una mujer. Quizá les pueda servir a los sociolingüistas el dato de que en teatro se suele utilizar el artículo delante del apellido de una actriz con una personalidad llamativa e interpretaciones que quedarán para el recuerdo. La Xirgu, la Bardem, la Portillo están ya ahí. Sin duda alguna, Nuria Espert y Rosá María Sardá formaban parte de ese reducido grupo desde hace tiempo, pero lo que está claro es que las interpretaciones de Bernarda y Poncia en este montaje tendrán un hueco especial en la laudatio de sus cualidades interpretativas y una mención aparte cuando se recuerden sus grandes intervenciones.
Hemos visto una nueva dimensión de una Bernarda con destellos de ser humano, alejada de la visión de Bernarda como un personaje exclusivamente autoritario y represor. Con su edad y condiciones físicas, la Espert optó por imponer su autoridad a través de las miradas. El personaje de Poncia, interpretado por la Sardá, está llena de matices expresivos, mide los tiempos de la obra y no se sobrepasa ni un milímetro en los momentos que relaja la tensión con su vis cómica. Verlas a las dos, mano a mano, era una delicia.
Aparte de méritos propios, ambas deberán agradecérselo a su director, Lluís Pascual, que las ha dirigido con delicadeza, precisión y mesura. El montaje es un reflejo claro de una lectura interpretativa hecha con mucho sentido común, criterio teatral, coherencia, estética y solidez. Lluís Pascual no necesita hacer interpretaciones extravagantes ni surrealistas del texto porque sabe que todo está en él. Si Lorca asegura que es un documental, el director nos hace sentir voyeurs dentro de la casa con una nueva disposición escénica, con el público en dos de las cuatro paredes; si un personaje asegura que parece que el caballo garañón va a tirar las paredes, el público tiene la sensación de que el teatro se va a caer encima cuando cocea; si Adela pregunta a su madre el porqué del uso de “Santa Bárbara bendita…”, es porque hemos sentido previamente la cercanía de una tormenta que, además, se aprovecha para crear el ambiente de tensión a punto de estallar del tercer acto; si en la acotación marca doscientas mujeres, un grupo de treinta mujeres acude al velatorio y son aprovechadas para hacer de coro y cambiar escenario entre los actos; si en el texto María Josefa habla a un cordero, el personaje lleva uno en brazos que, para gozo del público, bala casi coordinado con la actriz.
¿Pegas? Claro, detalles nimios. Algunos movimientos falseados de algunas hijas, de Bernarda (que se perdona por su edad y por su gran interpretación), alguna interpretación que sentí como externa como la de Adela… Solo una pega y no es mía, me la dijeron: las mujeres del pueblo no cantan tan bien como estas.