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28/12/12

LUCES DE BOHEMIA Y YERMA: intentando pillar el punto a Valle y Lorca


LUCES DE BOHEMIA



AUTOR: Ramón Mª del Valle-Inclán
DIRECTOR: Lluís Homar
DRAMATURGIA y COMPOSICIÓN MUSICAL: Xavier Albertí
ESCENOGRAFÍA y VESTUARIO: Lluc Castells
ILUMINACIÓN: Albert Faura
SONIDO: Roc Mateu
MOVIMIENTO ESCÉNICO: Óscar Kretschmar
PRODUCCIÓN: Centro Dramático Nacional.
REPARTO: Fernando Albizu, Enric Benavent, Jorge Bosch, Ángel Burgos, Jorga Calvo, Gonzalo de Castro, Javi Coll, José Ángel Egido, Rubén de Eguia, Sergio Gómez, Adrián Lamana, Jorge Merino, Nerea Moreno, Isabel Ordaz, Luis Padro, Miguel Rellán, Marina Salas.
DATOS DE LA FUNCIÓN: Teatro María Guerrero (Madrid), 24 de marzo de 2012. 2h 20 min

Uno de los problemas –de los muchos– que plantea Luces de bohemia es la resolución del espacio escénico. Conseguir que la escenografía y uso del espacio no ahoguen a los personajes y que se solucione la multitud de lugares que nos hace visitar Valle de forma eficaz. Sin duda, lo más destacable de este montaje fue la escenografía y el uso del espacio escénico: absolutamente magníficos. A esto se le une la interpretación de Miguel Rellán, que interpretara lo que interpretara parecía que se estaba comiendo el mundo. Gonzalo de Castro salva el personaje aunque estaba un poco fernangomezcesco en su tono de voz; otras, por el contrario, mejor omitir. 




YERMA 

AUTOR: Federico García Lorca
DIRECTOR: Miguel Narros
DRAMATURGIA y COMPOSICIÓN MUSICAL: Xavier Albertí
MÚSICA: Enrique Morente
ESCENOGRAFÍA: Mónica Boromello
ILUMINACIÓN: Juan Gómez Cornejo
VESTUARIO: Almudena Rodríguez
COREOGRAFÍA: Marta Gómez
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Luis Luque
PRODUCCIÓN: Faraute y Centro de Documentación Teatral.
REPARTO: Silvia Marsó, Marcial Álvarez, Iván Hermes, María Álvarez, Lara Grube, Roser Pujol, Rocío Calvo, Asunción Díaz Alcuaz, Teresa Quintero, Mona Martínez, Soleá Morente, Paloma Montero, Emilio Gómez, Antonio Escribano.
DATOS DE LA FUNCIÓN: Teatro Liceo, Salamanca, 1 de junio de 2012.

De este montaje de Yerma destaco la escena de las lavanderas: teatral a más no poder, estéticamente potente y, sobre todo, lorquiana. Es una pena que el resto de la propuesta escénica de Miguel Narros no hubiera tirado por ahí. La escenografía me pareció atractiva, me recordó a las Bodas de sangre, dirigido por José Carlos Plaza del CDN y como en aquel caso el montaje no me comunicó (y mira que a mí Lorca me comunica que no veas), ni así su protagonista (Silvia Marsó) ni su antagonista (Marcial Álvarez), este último alternaba momentos un poco estruendosos con otros interesantes.

18/7/10

LA CASA DE BERNARDA ALBA. TNT-EL VACIE



ESPECIAL Y AUTÉNTICO





LA CASA DE BERNARDA ALBA
AUTOR: Federico García Lorca
DIRECCIÓN y DRAMATURGIA: Pepa Gamboa
INTÉRPRETES: Rocío Montero Maya, María Luz Navarro Jiménez, Lole del Campo Díaz, Carina Ramírez Montero, Sandra Ramírez Montero, Ana Jiménez García, Sonia Joana Da Silva/ Isabel Juarez Ramirez, Pilar Montero Suarez, Marga Reyes/ Bea Ortega
ESPACIO ESCÉNICO: Pepa Gamboa y Antonio Marín
VESTUARIO: Virginia Serna
SONIDO: Emilio Morales
ILUMINACIÓN Y COORDINACIÓN TÉCNICA: Alejandro Conesa
AYUDANTES DE DIRECCIÓN: Silvia Garzón, Jerónimo Obrador, Marga Reyes
AFORO: Completo
DURACIÓN: 1 h
LUGAR: Patio del Colegio Arzobispo Fonseca, Ciclo Noches del Fonseca, Salamanca,13 de julio de 2010, 23:00.


Desde hace ya casi dos (¿o tres?) años procuro retener en mi mente uno de los mejores consejos teatrales que me han dado que fue algo así: “Al espectador le dan igual las horas que hayáis ensayado o las pajas mentales que os hayáis hecho. Lo que importa es lo que se ve en escena y lo que se comunica desde ella”.
Sin embargo, soy plenamente consciente de que no es lo mismo un espectáculo de Els Joglars que cualquiera de los que forman parte de la Muestra de Teatro Universitario en Fonseca. Sé que sería una canallada valorar con el mismo criterio una puesta en escena de la CNTC que la de un instituto de secundaria; o que las peras que le puedes pedir a Animalario no son las mismas que las de la mayoría de mortales compañías de teatro. No, no es lo mismo.
¿Cómo estimar entonces otro espectáculo sobre La casa de Bernarda Alba que es un ejemplo de integración social como es este de Pepa Gamboa? Claro, este montaje no tiene nada que ver, basándome en un criterio meramente escénico, con el dirigido por Lluís Pascual en 2009 e interpretado soberbiamente por Nuria Espert y Rosa María Sardá. Pero es que no tiene por qué tener algo que ver.
Ocho mujeres de etnia gitana, analfabetas en su gran mayoría, habitantes de un poblado chabolista, con dificultades para ensayar por su situación familiar, con problemas para memorizar el texto, que no es nunca se hayan subido a un escenario, es que es la primera vez que van a un teatro. Ellas, fantásticas, orgullosas de lo que son, valientes, humildes, sin vanidades interpretativas se han lanzado a la piscina y han sido Bernardas, Adelas y Poncias, han bailado y cantado. Genial. Su directora ha sabido aprovechar lo que saben y ellas lo han exhibido y eso me encanta porque le da frescura, espontaneidad y, algo con lo que se llenan la boca los que saben de esto, de verdad escénica.
Y yo me quedo con eso y no con los comentarios burlones o paternalistas de alguna gente del público que, inevitablemente te llegan a los oídos, ni con la parte morbosa de la repercusión mediática que ha tenido el montaje, sino con la de premiar la labor de mucha gente que sabe que el teatro es bueno para el alma de las personas y lucha por dar oportunidades e integrarlas. Ojalá esto ayude a la proliferación de talleres y montajes parecidos, pero que no me los vendan como teatro profesional no sea que no me cundan -desde un punto de vista meramente teatral- los quince benditos euros de la entrada.
Me quedo con ellas, con su acercamiento personal al texto, con su arte para bailar, cantar y llevar el atrezzo en la cabeza, con el desparpajo de algunas, con el simbolismo y el movimiento escénico, con el apoyo escénico, verbal e interpretativo de Marga Reyes –una de las ayudantes de dirección- a pesar de su toque exagerado, con haber adaptado la obra a su realidad vital y no al revés. Han hecho algo especial y auténtico. Qué bello.
Y a mí esto me vale.

30/11/09

BODAS DE SANGRE


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ESENCIAS




BODAS DE SANGRE

AUTOR: Federico García Lorca
DIRECCIÓN: José Carlos Plaza
INTÉRPRETES: Carlos Álvarez-Nóvoa, Israel Frías, Carmen León, Noemí Martínez, Paca Ojea, Luis Rallo, Olga Rodríguez, Consuelo Trujillo, Diana Wrana
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Paco Leal, José Carlos Plaza
DISEÑO DE VESTUARIO: Pedro Moreno
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Paco Leal
MÚSICA ORIGINAL y DIRECCIÓN MUSICAL: Mariano Díaz
COREOGRAFÍA: Cristina Hoyos
PRODUCCIÓN: CAT, CDN
AFORO: Tres cuartas partes
DURACIÓN: 1h 50 min, sin descanso
LUGAR: Teatro María Guerrero, Madrid, 19 de noviembre de 2009, 20:30.

A poco que se lea a Lorca, se sabe que proyecta su yo personal (frustraciones, miedos, angustias, deseos…) en su obra literaria y que todo aquello sobre lo que teorizó fue porque le inquietaba como escritor. Así, se puede decir que si Lorca escribía sobre Góngora es porque quería ser como Góngora y que si escribió una conferencia como “Teoría y juego del duende” -en la que establecía paralelismos entre la cultura andaluza y la clásica griega- no fue solo porque le interesara hacer comprensible qué es eso del duende y diferenciarlo de la musa y el ángel; ni porque quisiera solo ensalzar las artes del toreo y el flamenco, como espacios donde el duende se manifiesta más habitualmente. Fue porque para él la teoría es un campo de pruebas para su literatura. Y que Yerma, Romancero Gitano, Poema del cante jondo, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Bodas de sangre… no vienen de la nada.
Perdón por el comienzo academicista y pedante pero me parece fundamental regresar a la esencia de la obra para entender esta crítica. Lorca, en su dualidad de tradición-vanguardia, creía firmemente que había conexiones entre el pueblo andaluz y el griego como fuerzas colectivas con voz propia que actúan como un actante justiciero sobre el individuo. Ese vínculo fue lo que hizo creer a Lorca que era posible rescatar el género trágico y crear una tragedia de las de verdad con su coro, su luna, sus símbolos premonitorios, sus fuerzas incontrolables, sus muertes avisadas desde la primera escena pero que no las vea el espectador… vamos, lo que es una tragedia pero en Andalucía, con su tierra, su duende, su pena honda, sus nanas, sus caballos garañones, su ruralismo, su calor asfixiante, sus bailes y cantos flamencos… vamos, su esencia andaluza. Y esta obra rezuma andalucismo jondo por los cuatro costados.
Ahora, obviar esa esencia de la obra para su puesta en escena no sé si es un error o no. Sí, sé que es un planteamiento arriesgado el centrarse en el aspecto trágico que puede convertirse en un éxito, fracaso o en un montaje frustrado e indiferente.
Este montaje de Plaza quería potenciar la esencia trágica de la obra, de ahí el cromatismo de la puesta en escena y la ausencia de atrezzo, y expresó externamente el andalucismo al mantener el acento de los actores, oriundos de esta región. Tuvo destellos brillantes con los bailes y cantos de la boda y la creación de ese ambiente, pero eso se lo debemos agradecer a la coreógrafa, Cristina Hoyos, quien protagonizó el mejor montaje hecho hasta ahora de Bodas de sangre: la coreografía creada por Antonio Gades.
Como consecuencia de este planteamiento, el coro de leñadores aparecía como símbolo funesto en la primera escena, aunque costaba entenderlo; había movimientos forzados, imposturas, ausencia de entrañas e impulsos, falta de hondura. La intensidad interpretativa y la presencia escénica de Consuelo Trujillo como Madre y de Paca Ojea como Mendiga deslucían, respectivamente, por la falta de acompañamiento de los otros protagonistas y por el despiste creado con el baile aéreo de la Luna, que era muy bonito con su canción en off cantada por Ana Belén, pero para un espectáculo de inauguración de capitalidad cultural o de Festival de las Artes.
Ya no sé si a la propuesta escénica, a la dirección de actores o a la calidad de los mismos se debe la descompensación y la falta de comunicación entre los actantes del conflicto. Leonardo, iracundo, descontrolado de fuerza; Novia, pusilánime, externa. No saltaron chispas más que en la escena de la discusión, luego no se vio ni deseo, ni miradas, ni las oscuras fuerzas internas descontroladas de las que ella habla en su parlamento final.
Una lástima.

12/11/09

La casa de Bernarda Alba




“LA…”






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LA CASA DE BERNARDA ALBA

AUTOR: Federico García Lorca
DIRECCIÓN: Lluís Pascual
INTÉRPRETES: Nuria Espert, Teresa Lozano, Rosa Vila, Marta Marco, Nora Navas, Rebeca Valls, Almudena Lomba, Rosa María Sardá, Tilda Espulga, Marta Martorell, Montse Morillo, Bàrbara Mestanza
ESCENOGRAFÍA: Paco Azorín
DISEÑO DE SONIDO: Roc Mateu
MÚSICA: Joseph M. Arrizabalaga
ILUMINACIÓN: María Domènech
VESTUARIO: Isidre Punés
AFORO: Completo
DURACIÓN: 1h 40 min. sin descanso
LUGAR: Naves del Español, Matadero de Madrid, Madrid, 21 de octubre de 2009, 20:30.



Siempre me ha llamado la atención que se utilice el apellido para referirse a un hombre. Y más todavía que se utilice el artículo delante del nombre o del apellido para una mujer. Quizá les pueda servir a los sociolingüistas el dato de que en teatro se suele utilizar el artículo delante del apellido de una actriz con una personalidad llamativa e interpretaciones que quedarán para el recuerdo. La Xirgu, la Bardem, la Portillo están ya ahí. Sin duda alguna, Nuria Espert y Rosá María Sardá formaban parte de ese reducido grupo desde hace tiempo, pero lo que está claro es que las interpretaciones de Bernarda y Poncia en este montaje tendrán un hueco especial en la laudatio de sus cualidades interpretativas y una mención aparte cuando se recuerden sus grandes intervenciones.
Hemos visto una nueva dimensión de una Bernarda con destellos de ser humano, alejada de la visión de Bernarda como un personaje exclusivamente autoritario y represor. Con su edad y condiciones físicas, la Espert optó por imponer su autoridad a través de las miradas. El personaje de Poncia, interpretado por la Sardá, está llena de matices expresivos, mide los tiempos de la obra y no se sobrepasa ni un milímetro en los momentos que relaja la tensión con su vis cómica. Verlas a las dos, mano a mano, era una delicia.
Aparte de méritos propios, ambas deberán agradecérselo a su director, Lluís Pascual, que las ha dirigido con delicadeza, precisión y mesura. El montaje es un reflejo claro de una lectura interpretativa hecha con mucho sentido común, criterio teatral, coherencia, estética y solidez. Lluís Pascual no necesita hacer interpretaciones extravagantes ni surrealistas del texto porque sabe que todo está en él. Si Lorca asegura que es un documental, el director nos hace sentir voyeurs dentro de la casa con una nueva disposición escénica, con el público en dos de las cuatro paredes; si un personaje asegura que parece que el caballo garañón va a tirar las paredes, el público tiene la sensación de que el teatro se va a caer encima cuando cocea; si Adela pregunta a su madre el porqué del uso de “Santa Bárbara bendita…”, es porque hemos sentido previamente la cercanía de una tormenta que, además, se aprovecha para crear el ambiente de tensión a punto de estallar del tercer acto; si en la acotación marca doscientas mujeres, un grupo de treinta mujeres acude al velatorio y son aprovechadas para hacer de coro y cambiar escenario entre los actos; si en el texto María Josefa habla a un cordero, el personaje lleva uno en brazos que, para gozo del público, bala casi coordinado con la actriz.
¿Pegas? Claro, detalles nimios. Algunos movimientos falseados de algunas hijas, de Bernarda (que se perdona por su edad y por su gran interpretación), alguna interpretación que sentí como externa como la de Adela… Solo una pega y no es mía, me la dijeron: las mujeres del pueblo no cantan tan bien como estas.