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18/1/13

FOLLIES






MÚSICA Y LETRAS: Stephen Sondheim
LIBRETO: James Goldman
TRADUCCIÓN: Roser Batalla y Roger Peña
DIRECCIÓN MUSICAL: Pep Pladellorens
DIRECCIÓN DE ESCENA: Mario Gas
ESCENOGRAFÍA: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso
VESTUARIO: Antonio Belart
ILUMINACIÓN: Paco Ariza
VÍDEO-ESCENA: Álvaro Luna
COREOGRAFÍAS: Aixa Guerra y Luis Méndez (claqué)
PRODUCCIÓN: Teatro Español
REPARTO: Vicky Peña, Carlos Hipólito, Muntsa Rius, Pep Molina, Massiel, Asunción Balaguer, Linda Mirabal, Teresa Vallicrosa, Mónica López, Marta Capel, Diego Rodríguez, Julia Möller, Ángel Ruiz, Joana Estebanell, Mamen García, Lorenzo Valverde, Josep Ruiz, Gonzalo de Salvador (Mario Gas), Nelson Toledo, María Cirici, Marisa Gerardi, Antonio Villa.
DATOS DE LA FUNCIÓN: Teatro Español (Madrid), marzo de 2012.
DURACIÓN: 3 h (intermedio incluido)







Ya me quedan pocas primeras veces. Y puedo decir, bien feliz, que mi primer musical fue Follies. Cierto es que no es el típico musical de la Gran Vía madrileña en un teatro con nombre mutado al de la marca patrocinadora –todavía no he logrado quitarme ese prejuicio–. Y que tampoco llegaré a ser una fan de este género con el que, salvo alguna excepción cinematográfica, no conecto por ampuloso y falto de naturalidad. Pero esta primera vez ha sido más que grata. Y eso, dicen, es difícil.

 Dirige Mario Gas y encabezan cartel Carlos Hipólito y Vicky Peña. Casi nada. Secundados por unos magníficos Muntsa Ríos y Pep Molina, a los que acompañan Asunción Balaguer y Massiel. Sí: Massiel, imponente y grandiosa en su solo “I’m still here”, aunque no sabía si interpretaba o hacía de sí misma. El espectáculo estaba marcado por el morbo que suponía ver a Mario Gas en su último y esplendoroso espectáculo como director del Teatro Español (y esa fea polémica que rodeó a su despido),  aderezado por el hecho de que interpretara el papel de Weissman, con esa frase final tan significativa.



El resultado es un montaje espectacular en su más amplio sentido, dirigido por la inteligente visión teatral que tiene Gas y con unos actores que gozaban y con muy buenos trabajos de los cuatro protagonistas de entre los que destacan Pep Molina y, sobre todo, Muntsa Rius. Como pez en el agua estaba Vicky Peña que, como siempre, sobresale interpretativamente por trabajos brillantes y perfeccionistas; Carlos Hipólito, no tan pez en el agua, suple con solvencia su falta de rodaje en este género a base de ganas y seriedad. De la parte más teatral, destaco la escena entre los cuatro protagonistas y sus dobles jóvenes: magníficamente resuelta y bien ejecutada.  Confieso que no tengo idea de música, pero tengo claro que  los músicos hacían un trabajo sobresaliente. Eché de más minutos y algunos números de la segunda parte -más musical que teatro- pero es que esto, señores, es un musical.





2/1/11

3 PROPÓSITOS Y 7 DESEOS DE AÑO NUEVO.






PROPÓSITOS
• No volver a quedarme con ganas de ver un espectáculo. Si hay que ir a otra ciudad por un montaje que merezca la pena, se va.
• Almagro, Mérida y Ciudad Rodrigo. De este verano no pasa. Olmedo merece la pena.
• Ser arriesgada en la selección de espectáculos para no perder el efecto sorpresa pero también selectiva.
DESEOS
• Que se mantenga el nivel de programación del FÁCYL.
• Que la programación no se vuelva más exigua en Salamanca.
• El regreso del ciclo Sala Marte de teatro (¡y poesía!)
• Espíritu renovador y de superación en el teatro made in Salamanca
• Una programación de verdad en el Principal de Zamora.
• Que se reconozca la labor del Teatro Español como centro de agitación, difusión y creación teatral.
• La finalización de las obras del Teatro de la Comedia (CNTC, Madrid) y del Aula de Teatro Juan del Enzina (Salamanca) y, por Lope, que se re-inauguren decentemente.
OJALÁ.

12/11/09

La casa de Bernarda Alba




“LA…”






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LA CASA DE BERNARDA ALBA

AUTOR: Federico García Lorca
DIRECCIÓN: Lluís Pascual
INTÉRPRETES: Nuria Espert, Teresa Lozano, Rosa Vila, Marta Marco, Nora Navas, Rebeca Valls, Almudena Lomba, Rosa María Sardá, Tilda Espulga, Marta Martorell, Montse Morillo, Bàrbara Mestanza
ESCENOGRAFÍA: Paco Azorín
DISEÑO DE SONIDO: Roc Mateu
MÚSICA: Joseph M. Arrizabalaga
ILUMINACIÓN: María Domènech
VESTUARIO: Isidre Punés
AFORO: Completo
DURACIÓN: 1h 40 min. sin descanso
LUGAR: Naves del Español, Matadero de Madrid, Madrid, 21 de octubre de 2009, 20:30.



Siempre me ha llamado la atención que se utilice el apellido para referirse a un hombre. Y más todavía que se utilice el artículo delante del nombre o del apellido para una mujer. Quizá les pueda servir a los sociolingüistas el dato de que en teatro se suele utilizar el artículo delante del apellido de una actriz con una personalidad llamativa e interpretaciones que quedarán para el recuerdo. La Xirgu, la Bardem, la Portillo están ya ahí. Sin duda alguna, Nuria Espert y Rosá María Sardá formaban parte de ese reducido grupo desde hace tiempo, pero lo que está claro es que las interpretaciones de Bernarda y Poncia en este montaje tendrán un hueco especial en la laudatio de sus cualidades interpretativas y una mención aparte cuando se recuerden sus grandes intervenciones.
Hemos visto una nueva dimensión de una Bernarda con destellos de ser humano, alejada de la visión de Bernarda como un personaje exclusivamente autoritario y represor. Con su edad y condiciones físicas, la Espert optó por imponer su autoridad a través de las miradas. El personaje de Poncia, interpretado por la Sardá, está llena de matices expresivos, mide los tiempos de la obra y no se sobrepasa ni un milímetro en los momentos que relaja la tensión con su vis cómica. Verlas a las dos, mano a mano, era una delicia.
Aparte de méritos propios, ambas deberán agradecérselo a su director, Lluís Pascual, que las ha dirigido con delicadeza, precisión y mesura. El montaje es un reflejo claro de una lectura interpretativa hecha con mucho sentido común, criterio teatral, coherencia, estética y solidez. Lluís Pascual no necesita hacer interpretaciones extravagantes ni surrealistas del texto porque sabe que todo está en él. Si Lorca asegura que es un documental, el director nos hace sentir voyeurs dentro de la casa con una nueva disposición escénica, con el público en dos de las cuatro paredes; si un personaje asegura que parece que el caballo garañón va a tirar las paredes, el público tiene la sensación de que el teatro se va a caer encima cuando cocea; si Adela pregunta a su madre el porqué del uso de “Santa Bárbara bendita…”, es porque hemos sentido previamente la cercanía de una tormenta que, además, se aprovecha para crear el ambiente de tensión a punto de estallar del tercer acto; si en la acotación marca doscientas mujeres, un grupo de treinta mujeres acude al velatorio y son aprovechadas para hacer de coro y cambiar escenario entre los actos; si en el texto María Josefa habla a un cordero, el personaje lleva uno en brazos que, para gozo del público, bala casi coordinado con la actriz.
¿Pegas? Claro, detalles nimios. Algunos movimientos falseados de algunas hijas, de Bernarda (que se perdona por su edad y por su gran interpretación), alguna interpretación que sentí como externa como la de Adela… Solo una pega y no es mía, me la dijeron: las mujeres del pueblo no cantan tan bien como estas.