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16/2/12

LA ESCUELA DE LA DESOBEDIENCIA




LAS LUCECITAS ROJAS DE LA COHERENCIA





DIRECTOR: Luis Luque
DRAMATURGIA: Paco Bezerra
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Pablo Ramos
ILUMINACIÓN: David Hortelano
COMPOSICIÓN MUSICAL: Luis Miguel Cobo
VESTUARIO: Paco Delgado
ESPACIO ESCÉNICO: Mónica Borromello
PRODUCCIÓN: Andrea D’Odorico www.teatro-andreadodorico.com
REPARTO: María Adánez y Cristina Marcos
MÚSICOS: Rosa Miranda (soprano) y Sofía Alegre (viola de gamba).
AFORO: completo
DURACIÓN: 1 h 30 minutos
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca, 11 de febrero de 2012, 21:00 h.

Resulta que La escuela de la desobediencia tiene un planteamiento más que interesante: una joven viuda y experimentada Susanne (Cristina Marcos) alecciona a su ingenua e inexperta prima pequeña Fanchon (María Adánez) sobre la sexualidad femenina. Ofrece diversas y liberadoras reflexiones sobre el placer de la mujer y, sin cortarse un pelo –nunca mejor dicho– describe gráficamente un encuentro sexual, las posiciones que se pueden adoptar o los tipos de pene; también le descubre cómo aliviar –manualmente o con determinadas herramientas– la ausencia masculina o le confiesa trucos para evitar la concepción. Y todo esto ambientado en torno a los siglos XVI-XVII, que es de donde proceden los textos de Raggionamenti y L’École des filles (el primero es de autor anónimo; el segundo es de Michel Millot) dramatizados por Paco Bezerra.
Por temática –la educación sentimental libertina de una mujer– y por naturaleza literaria –ausencia de riguroso conflicto teatral, textos de los siglos XVI-XVII– el riesgo que asumen dirección y dramaturgia es patente y, por cierto, me encanta. La estrategia dialéctica de adoctrinamiento ajeno a la moral social se me asemeja a la usada en la posterior Justine de Sade, sin su perversidad, claro está; y el reclamo de una libertad en el terreno sexual la relaciono, ya puesta, con la Madonna del álbum Erotica o con el tema Human Nature[1]. Llegado a este punto, nombrar Las amistades peligrosas parece inevitable.
Me gusta la dramaturgia. Los diálogos están muy bien construidos e hilvanados, lo cual facilita mucho la posterior puesta en escena. Solo una pequeña pega: el final. Ya me ha pasado con series y películas que están en la misma línea de ruptura y liberación femenina (tipo Sexo en Nueva York y Qué les pasa a los hombres) en las que el cuerpo me pide que en el final sean tan irreverentes y audaces como lo han sido en su propuesta y desarrollo. En este caso, me chirría que aparezca el tema del amor justo al final cuando los dos personajes no le han dedicado ni una sola frase hasta ese momento. Ahí lo dejo.
Tanto la escenografía, el espacio escénico como la estética cromática logran producir una atmósfera adecuada para la puesta en escena, que se adereza por la presencia constante en escena de una violagambista y una soprano que intervienen en varios momentos de la función. Aunque desde luego que a mí no me hubiera sobrado más presencia musical.
En la línea de coherencia que reclamaba antes está la puesta en escena del monólogo de Fanchon, pero justo lo contrario. Es un momento fundamental pues simboliza la transformación de la mentalidad de Fanchon a través de las experiencias sexuales: de la ingenuidad más absoluta a poner en duda algunas enseñanzas de su prima. Se inicia la transición con la interacción con la soprano, quien la ayuda a deshacerse de la ropa mientras el personaje rememora su primer encuentro sexual que vive y describe ya desde una bañera de llena de agua. Sin duda, lo mejor del espectáculo.
Parece difícil que anteriores trabajos no modelen la visión que una tiene de los artistas. De esta manera, confirmo que Cristina Marcos me parece una actriz de indudable talento que funciona bien para textos contemporáneos (El método Gronhölm), bien para clásicos. Su energía, su presencia, su voz, su dominio del tempo humorístico en escena son varias de sus virtudes como actriz. Destaco ahora para el futuro espectador la delicia de contemplar sus movimientos de manos y con el traje de época. Y eso a pesar de que parecía no tener su día –no fui la única que sospechó de algún despiste con el texto–, Cristina Marcos cumplió estupendamente con su papel de “maestra en artes”.
En la salida escuché comentarios muy positivos sobre la interpretación de María Adánez. Sin embargo, reconozco gestos y reacciones incoherentes en la construcción y evolución de su personaje y, desde luego, una discordancia importante entre el tono del personaje de Fanchon y el de Susanne. Las lucecitas rojas del “aquí algo que no” destellaron casi todo el tiempo. Más burlesco, ¿intencionalmente forzado? de la primera, que para nada era complementario con el de su compañera. Desconozco si ese tono burlesco era propuesta suya o de dirección, pero confieso que hubiera preferido una opción interpretativa más armónica entre ambas y coherente con la obra: o una cosa o la otra.
Eso sí, las águedas que tenían delante carcajearon, se escandalizaron ante tal desvergonzada verborrea y la festejaron. Salieron encantadas y un tanto alteradas. Mientras que yo, que sobre el papel aquello me tenía que haber convulsionado irracionalmente, me dejó un tanto fría y racionalizando la función.



[1] El respetable sabrá perdonarme esta referencia pop y un tanto kitsch pero todavía estoy impactada por la actuación de la susodicha en la Super Bowl’12. Y las asociaciones son, a veces, extrañas y sorprendentes.

26/1/12

LA FUNCIÓN POR HACER







HUMANA Y TEATRALMENTE INTENSA (Crónica de un foco que arde).

DIRECTOR: Miguel del Arco
VERSIÓN: Miguel del Arco y Aitor Tejada
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Juanjo Llorens
DISEÑO DE SONIDO: Sandra Vicente
PRODUCCIÓN: Kamikaze Producciones: http://www.kamikaze-producciones.es/
REPARTO: Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Miriam Montilla, Manuela Paso, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez.
AFORO: completo
DURACIÓN: 1 h 30 minutos
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca, 21 de enero de 2012, 21:00 h.
Ya era hora de poder hincarles el diente a los kamikazes. He oído hablar tanto de La función por hacer como de la siguiente, Veraneantes, o de los monólogos La violación de Lucrecia y Juicio a una zorra, con La Espert y La Machi dándolo todo sobre el escenario. Y hasta ahora todo han sido elogios. Así que se podrán imaginar ustedes que mis expectativas estaban tan altas como el Mariquelo charro en la víspera de Todos los Santos.
Pongo al respetable en antecedentes: La función por hacer comenzó a representarse en el vestíbulo del Teatro Lara los fines de semana en horario golfo y terminó siendo el grit hit de los últimos premios Max. Es una versión libre de Seis personajes en busca de un autor de Luigi Pirandello y, aunque no es necesaria su lectura previa para comprenderla, si vas con los deberes hechos a la representación, la brillante versión firmada por Miguel del Arco y Aitor Tejada se paladea mucho mejor.
Ahora los visitantes no son seis, sino cuatro. Y no interrumpen un ensayo, sino una representación. Condensación, reinvención y actualización son las acciones que se ejecutan sobre diálogos, reflexiones metateatrales y relaciones entre los personajes visitantes: dos parejas, dos hermanos, un engaño y un bebé. Como en la obra de Pirandello, los visitantes vienen a contar su terrible historia, cada uno de ellos, con su drama personal.
Tanto los cuatro personajes visitantes como los dos personajes actores están francamente bien: intachablemente construidos y con los niveles de energía perfectamente diferenciados. Son personajes con carácter. Todos, los seis, sin excepción, trabajan con los conceptos de naturalidad y verdad. Y, lo que es más importante, logran transmitir todas esas sensaciones y sentimientos al espectador. El hermano mayor y la novia son verbalmente más expresivos. Quieren representar su historia. Ella, Bárbara Lennie, nos deleita con un parlamento palpitante, lleno de pasión y poesía. Él, Israel Elejalde, más comedido y reflexivo, es la voz de la conciencia metateatral. Cristóbal Suárez y Miriam Montilla, los actores, toman fantásticamente la medida a unos personajes más complicados de lo que parece. Él asume positivamente la interrupción, se entusiasma y se lanza a coordinar la acción del drama que se le propone. Ella no lo encaja tan bien y, por ello, se convierte en un fantástico contrapunto irónico.
Sin duda, los personajes más fascinantes para mí son los de Raúl Prieto y Manuela Paso, el hermano menor y la madre. Por lo que callan. Por la violencia y el dolor que, respectivamente, pasean y mascullan entre el público, ellos, los agraviados del ilícito amor de sus parejas. Ambos estallan en un llanto o en una violencia desgarradores, que me ataron al asiento. Quienes los tuvimos a dos pasos en alguna ocasión, los gozamos y nos compadecimos de ellos. Qué manera de rumiar la ira, qué manera de llorar. Soberbios.
Aunque asistí emocionada a la historia, en ningún momento perdí la conciencia de ser una espectadora que contempla un drama. Lo mejor. Es una perfecta mezcla entre distanciamiento y empatía. Sin escenografía, sin apenas atrezzo, valientemente rodeados de espectadores, a base de una sabia dosificación del humor y de una fresquísima réplica que se alternan con una historia magníficamente interpretada que se cuenta pero que al mismo tiempo sucede, junto a un admirable manejo del tempo escénico: el del drama y el de la comedia… todo ello convierte a La función por hacer en un espectáculo electrizante, turbador. Humana y teatralmente intenso.

(Y en plena catarsis: que si te amo, que si lloro, que si te doy, que si soy un personaje y tengo entidad propia, que si los actores estamos para daros vida y tal, en uno de esos momentos álgidos y, por ello, escénicamente más delicados, la función que se hacía tuvo que interrumpirse ante los avisos de varios espectadores de que había fuego: ¡una llama salía de un foco del segundo anfiteatro! (lo sé: ¿un foco?). Claro, en un espectáculo que juega constantemente con estirar las convenciones teatrales hasta el límite, cuando sucede algo así y uno de los actores reacciona con una coña de la obra, te da por pensar que es una ruptura más de ficción. Pero no. Fue real. Y diría que hasta genial: Cristóbal Suárez, por personaje, era el más capacitado para hilar el acto interruptus con la escena pero Israel Elejalde estaba trabado y hubo que aplaudirle. Se concentró y retomó la escena de carrerilla. Quizá se perdió la oportunidad de exhibir sus dotes de improvisación pero nos regalaron una maravillosa y real ruptura teatral. Algunos dudamos, otros sabían con certeza que aquel foco ardía y unos pocos salieron creyendo que todo había sido un efecto de la obra).

21/9/10

2036 OMEGA-G

SABE MÁS EL DIABLO POR VIEJO...





2036 OMENA-GAUTOR, DIRECCIÓN Y ESPACIO ESCÉNICO: Albert Boadella
ESCENOGRAFÍA: Juan Sanz/ Miguel Ángel Coso (Antiqua Escena)
VESTUARIO: Dolors Caminal
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Bernat Jansà
DISEÑO DE SONIDO: Guillermo Mugular
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Xavier Vilà
REPARTO: Jesús Agelet, Jordi Costa, Ramón Fontserè, Minnie Marx, Lluis Olivé, Pilar Sáenz, Xavi Sais, Dolors Tuneu
AFORO: Completo
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca, 24 de septiembre de 2010, 21:00.

Sus objetos de deseo ya no son ni la cultura catalana, ni El Quijote, ni la alta gastronomía, ni la sátira política, social y cultural, aunque no pueda evitar alusiones o pullitas. A Albert Boadella le interesa ahora imaginar cómo será su banda dentro de veintiséis años y, ya de paso, cómo nos relacionaremos para entonces y cómo distorsionaremos el español con el contagio con el inglés, la proliferación de siglas y el cambio radical de la ortografía.
Y los actores se convierten en el centro de la función. Un premio a su fidelidad a la compañía y a su director. Boadella se da el gustazo de convertirlos en protagonistas del nuevo espectáculo y se los lleva a un geriátrico del futuro por el que se cuela el espectador actual, gracias a dos narradores que ejercen de vínculo, con una técnica muy muy parecida a la que usó Buero Vallejo en El tragaluz. Como era de esperar, como casi siempre, las caracterizaciones son agudas, eficientes y admirables. En esta ocasión, los actores han hiperbolizado sus rasgos y se han caricaturizado a sí mismos al igual que hicieron en muchas ocasiones con personajes históricos, literarios o de la actualidad española. Como vengo admirando desde hace varios montajes, destacan Pilar Sáenz y Ramón Fontseré. Ella porque sostiene textualmente la obra sin que se note demasiado para permitir que se luzca su compañero, algo tremendamente difícil para un actor. Él, sin duda, unos de los mejores actores de España: por actitud humana, por su disfrute personal en escena, por honradez interpretativa y porque, simplemente, borda todo lo que interpreta. Sin embargo, algo me chirriaba: Fontseré era demasiado cascarrabias, gruñón y mala leche para ser Fontseré. Una amiga de la compañía me lo confirmó: Fontseré interpretaba a Boadella.
Más allá de la calidad textual, mejorada respecto a La cena pero todavía lejana de tiempos anteriores, y del contenido de la obra, pues esto es un autohomenaje y se exhibe desde el título, los espectáculos de Els Joglars son ejercicios teatrales de oficio puro y duro, una máquina escénica e interpretativa que está perfectamente engrasada, tremendamente efectiva e imaginativa. Una excelente dirección escénica, con personalidad, estilo, manejo del espacio, de la música, de la plástica escénica. Una manera propia e inteligentísima de dirigir actores, de dirigir al grupo, de interpretar, de encauzar y dirigir grandes dosis de mala leche ante “tanta estupidez pagada por el contribuyente”.
Dos ejemplos de puro y deleite joglars. La ingeniosa y aguda escena del cine mudo: si no hay sátira política, revienta. Emocionante final para todo seguidor de Els Joglars, tanto como la de Un lugar de Manhattan: del techo caían trajes de sus obras de teatro y cada actor se “dormía” agarrado a uno. Finalmente, Fontseré cae abrazado al traje de Dalí. Los espectadores respiramos tranquilos. Esto es amor por el trabajo y el teatro, lástima que este homenaje huela a despedida de su director. Aunque puede que sea mejor así, ¿no?
Mención especial y última: Minnie Marx estaba tan acertada en su interpretación que parecía mi abuela.

MÁS INFORMACIÓN: http://www.elsjoglars.com/2036-El-Homenaje.php

23/5/10

EL PISITO


AMANEZCA POR DONDE AMANEZCA







EL PISITO
AUTOR: Rafael Azcona
VERSIÓN: Juanjo Seoane y Bernardo Sánchez
DIRECCIÓN: Pedro Olea
VESTUARIO: Javier Artiñano
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Juan Gómez Cornejo
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Wolfang Burmann
INTÉRPRETES: Pepe Viyuela, Asunción Balaguer, Teté Delgado, José María Álvarez, Diego Pizarro, Jorge Merino, María Felices, Manuel Millán,
AFORO: Lleno
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca. 13 de marzo de 2010, 21:00

Pienso en Rafael Azcona y lo que me viene a la mente es humor español puro y duro. Más cercano a Mihura, Tip y Coll, Berlanga, Cuerda o Gila. Gracias al deus Fernán Gómez que está bien alejado del humor del sit-com norteamericano, que estamos tan acostumbrados a ver, que no está nada mal pero que una prefiere, de vez en cuando, algo más castizo y con señores bajitos. Amanezca por donde amanezca.
El pisito me hace acordarme de una frase de Carlos Hipólito sobre Mihura en la que aseguraba que era suficientemente inteligente como para congraciar con su público burgués y, al mismo tiempo, meterle una “pullita bajo cuerda”. Pues eso. Y además con muy mala leche: te estás riendo de la situación un tanto absurda del joven (o no tan joven) que, ante tanto precio de piso por las nubes, acuerda con su novia casarse con una anciana para que, cuando esta muera, heredar su piso y poder vivir con toda la felicidad y las perdices posibles –que tampoco es un mal plan si tenemos en cuenta cómo está el cartel ahora mismo- y, de repente, notas una punzada de dolor amargo allá por el final. La ternura y el humor te han llevado a empatizar con el protagonista y a distanciarte de la situación, pero poco, que diría aquel.
Me atrevo a asegurar que algo ha perdido en el trasvase del cine al teatro. Los cambios escenográficos y de escena-secuencia entorpecían el ritmo de la obra y a mí me hicieron desconectar en alguna ocasión. Gracias a Jardiel Poncela que estaba Pepe Viyuela ahí para salvar lo que hiciera falta, con su intensidad, su verdad escénica y, sobre todo, con su vis cómica tan castiza, aunque abusara un poco de sus múltiples recursos humorísticos para subir la obra. Teté Delgado le seguía aunque no sé si de lejos o de cerca, también muy castiza, sorprendentemente cómica (aunque no tanto como en Los cuernos de don Friolera) y doña Asunción Balaguer o la viuda de Paco Rabal, quien se subió a escena muy dignamente y sacó a flote su papel como debe ser.
Y eso. Con codornices, vaya, e incluso alguna pluma que se pone en el sombrero, pero poco, ya he dicho, que se perdía por ahí. Y que del teatro lo mejor es no hablar, que una se pone sentimental.

LA CHARCA INÚTIL


DE OLVIDOS, QUEJAS Y ESPECTÁCULOS BIEN HECHOS




LA CHARCA INÚTIL
AUTOR: David Desola
DIRECCIÓN: Roberto Cerdá
ESCENOGRAFÍA y VESTUARIO: Ikerne Giménez
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Pedro Yagüe
ESPACIO SONORO: Mariano Marín
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Joan Espasa
DISTRIBUCIÓN: Emilia Yagüe Producciones
INTÉRPRETES: Adolfo Fernández, Sonia Almarcha, Miguel Palenzuela.
AFORO: Lleno
DURACIÓN: 1 h 10 min.
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca 27 de marzo de 2010, 21:00



Me quejo de que se me olvidan obras que he visto y que me han gustado. Me quejo cuando conozco a un actor y no recuerdo haberlo visto protagonizar, por ejemplo, El señor Ibrahim y las flores del Corán. Y eso que unas incómodas lágrimas se me escaparon durante la representación. ¿Cómo puedes olvidar la cara de un actor que te ha hecho llorar? Creo que eso se merece una nueva sección. Ahora vayamos a lo que importa.
Asistí a la representación de La charca inútil el día mundial del teatro y hasta hoy no me he animado a hacer la crítica. Y eso que me gustó. Luego me quejo, claro.
El protagonista me interesa muchísimo, sobre todo desde que le vi interpretar a Millán Astray en aquella obra que pasó por el Fonseca cuyo nombre no recuerdo (no es coña). En esta ocasión muestra un registro totalmente diferente que salva no con tanta exhibición interpretativa como en aquella ocasión, sino sabiendo colocarse en su sitio, casi de puntillas, pero está tan tan bien que casi no se nota, lo cual hace que me guste aun más. Lo mismo puedo hacer del resto del reparto. Nada que decir excepto chapó.
A David Desola le tengo echado el ojo como dramaturgo desde hace tiempo. Lleva en mi mente desde hace años. Continúo con mi ojo echado porque la obra no está mal escrita. La mejor virtud es, a mi juicio, haber sabido mantener el interés del espectador ante una historia que, en principio, podía haberse caído y, además, haber conseguido que al espectador se le pusieran los pelos de los brazos de punta cuando, por un detalle, se revela qué había pasado con el hijo de la protagonista, centro del conflicto ausente o quién es verdaderamente Hierofante. Lo malo, el final, un tanto naïf y previsible. No se puede ser perfecto.
Bien por Roberto Cerdá. Gran trabajo. Medido, discreto. Se agradece ver una obra como estas el día del teatro, aunque luego me olvide de lo que me gusta.

27/2/10

UN DIOS SALVAJE


EXPERIMENTAR


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UN DIOS SALVAJE
AUTOR: Yasmina Reza
VERSIÓN: Jordi Galcerán
DIRECCIÓN: Tamzin Townsend
PRODUCCIÓN: Marisa Pino, Carlos J. Larrañaga
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Ayanta Barilli
VESTUARIO: José Juan Rodríguez, Paco Casado
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: José Manuel Guerra
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Ana Garay
ESPACIO SONORO: Isabel Montero
INTÉRPRETES: Aitana Sánchez-Gijón, Maribel Verdú, Pere Ponce, Antonio Molero.
AFORO: Completo.
DURACIÓN: 1 h 30 min.
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca. 20 de febrero de 2010, 22:30

Experimentar. Eso es lo que debí pensar cuando decidí ir a ver Un dios salvaje de la afamada Yasmina Reza, con dirección de la eficiente Tamzin Townsend, escenografía de la talentosa Ana Garay e interpretaciones de las cinematográficas Aitana Sánchez-Gijón y Maribel Verdú, y de los televisivos Pere Ponce y Antonio Molero. Experimentar. Sí. Pero con mi experiencia como receptora individual. De sobra sabía que la experiencia colectiva iba a ser más que satisfactoria con este público salmantino nuestro tan difícil en la mayoría de las ocasiones, tan entregado a la escena en esta.
Con la mezcla de todos estos ingredientes tenía que salir, a la fuerza, un espectáculo de comedia burguesa bien escrito, bien dirigido, bien “escenografiado” y bien interpretado; agradable, ameno y divertido para el espectador, con la mala leche latente. Salió y no hubo necesidad de forzarlo. Yasmina Reza nos habló de las relaciones humanas otra vez y de cómo nos machacamos entre nosotros; Tamzin Townsend interpretó la obra más que bien y supo comunicar a sus actores lo que tenían que hacer, le dio el ritmo y los trucos propios de la comedia; la escenógrafa diseñó un decorado moderno, de líneas curvas, que permitía el movimiento de la mitad para adelante; los cuatro intérpretes estaban estupendos en sus papeles, se escuchaban y daban la sensación de que trabajaban y se entendía a gusto, gustaron al público y no decepcionaron.
Entonces, ante tanta expectativa satisfecha ¿qué podía experimentar yo como espectadora individual con un espectáculo que sabía, de antemano, lo que iba a ser y de lo que iba a hablar en esta crítica?, ¿qué riesgo podía asumir ante la seguridad escénica que se me ofrecía? Pues experimentar con la inversión de hábitos teatrales. Sí. La regresión a la doble sesión y la demanda del espectador salmantino que compró como loco las entradas del mes de febrero hicieron que no encontrara más entrada decente que para la segunda sesión del sábado, a las 22:30 (¡el mismo día que se pusieron a la venta!). Así que invertí el orden de factores que, como sabemos, no tiene por qué alterar el producto, y me fui de pinchos y sangrías. Llegué al teatro como en una nebulosa y, en vez de entregarme a la risa comunal –como esperaba– que supliera la pérdida de energía escénica, inevitable en segunda sesión, me quedé un poco al margen, sin participar de la experiencia colectiva festiva, lo que supuso que no echara la primera carcajada hasta pasados los veinte o treinta minutos. Quién lo iba a decir.

22/12/09

NOVIEMBRE


SOMBRAS QUE ACOSAN A LUCES





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NOVIEMBRE
AUTOR: David Mamet
VERSIÓN y DIRECCIÓN: José Pascual
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: Rafael Garrigós
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Felipe Ramos
DISTRIBUCIÓN: Pentación Espectáculos
INTÉRPRETES: Santiago Ramos, Ana Labordeta, Cipriano Lodosa, Jesús Alaide, Rodrigo Poisón
AFORO: Completo.
DURACIÓN: 1 h 40 min.
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca. 18 de diciembre de 2009, 21:00

Es curioso cómo en menos de un mes ves dos espectáculos de cuyas partes técnicas se ocupan las mismas personas: Felipe Ramos y Rafael Garrigós firmaron iluminación y escenografía en Días de vino y rosas y repiten en esta. Como en aquella, la parte técnica se adecuaba correctamente a la puesta en escena propuesta por el director. Ambos montajes coinciden, también, en la nacionalidad estadounidense de los textos y que ambos se podrían encuadrar dentro de una puesta en escena realista, típica del teatro burgués. Ahora bien, mientras uno se ocupa de una relación de pareja que comenzaba y se deterioraba a base de alcohol, el otro se centra en hacer sátira política en torno al habitante de la Casa Blanca, su mediocridad y sus ruines quiebros para aferrarse, cual lapa, al poder.
El punto de partida es reconocible para todo aquel que esté familiarizado con el imaginario estadounidense: el protagonista es el presidente de USA, el espacio es el despacho oval, el tiempo son los días previos a Acción de Gracias y a unas elecciones presidenciales, el sueño americano de que se puede llegar a lo más alto con trabajo, las líneas telefónicas del presidente…. solo faltó el Air Force One. La comparación con el anterior inquilino y su nivel de inteligencia, el de las armas de destrucción masiva, es inevitable y eso es uno de los elementos que tiene este espectáculo para congraciar con el espectador: a la gran mayoría nos gusta y nos hace gracia que se metan y ridiculicen a un presidente –y más si es de EEUU porque es el que nos manda; y más si nos cae mal, como es el caso–, que se exhiba abiertamente su obsesión por el poder, la falta de respeto por el pueblo, su ligereza para robar, engañar, manipular, sobornar y mentir; y que se acepte que es un tipo mediocre también.
Ahora bien, la resolución tanto textual como escénica tiene sus grandes luces y sus sombras. Ilumina hasta bien lejos la introducción y el uso inteligentísimo del teléfono textualmente hablando, claroque se convierte en un personaje más, es el pilar textual del ritmo haya sido bien ejecutado o no, como es el caso, el que envuelve al espectador en la obra, aunque en algún momento de la segunda parte agote una pizca tanta llamada. No es, seguro, el mejor texto de Mamet pero en él sí se vislumbra, y a veces se aprecia, su ingenio, su inteligencia, su carácter y se puede alabar su manejo de la carpintería teatral. Me hace quedarme con ganas de ver más del autor.
Del reparto destaca, cómo no, la interpretación de Santiago Ramos, foco de atención de la obra, origen del conflicto, protagonista absoluto. Él dice – repito: dicela mayor parte del texto y ocupa casi literalmente la mayor parte del escenario. No lo digo por espacio sino por movimiento: derrochaba tal cantidad de energía como para que Unión Penosa estuviera tranquila durante una temporada; pero una vez transcurridos los veinte primeros minutos pensé que no podría llegar más alto ni al final de la función sin bajarla. Al final llegó –hay un pico hacia abajo con el resto del montaje entre el segundo y tercer acto– pero tanta exhibición de gestos, de movimientos, de gritos puede agotar al espectador. Contrasta por contención el personaje de Archer Brown, interpretado por Cipriano Lodosa, actor que me sigue llamando la atención desde que lo descubrí como genial chicoMihura en el último Tres sombreros de copa: mide, controla escenario, tiempos, trabaja a favor de obra… como con Mamet, también tengo ganas de verlo en más registros de los dos que lo he visto, por comprobar si mantiene el nivel.
Ana Labordeta y Jesús Alcaide me parecieron correctos y bajaba Rodrigo Poisón, quien apareció en un nivel diferente al del resto del reparto en sus apenas cinco minutos y tanto su interpretación como su introducción como personaje desentonaban bastante.
Con todo, me parece hay que medir también los excesos, revisar algunos aspectos del texto al que se podía haber sacado más partido y no aturullar tanto para lucir más la pieza.

8/12/09

DÍAS DE VINO Y ROSAS



INMENSIDAD Y TORBELLINO

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DÍAS DE VINO Y ROSAS
AUTOR: J. P. Miller’s
VERSIÓN (inglés): Owen Mcafferty
VERSIÓN (castellano) David Serrano
DIRECCIÓN: Tamzin Townsend
SELECCIÓN MUSICAL: Tamzin Townsend, Fran Arráez, Miguel A. Tudanca
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: Rafael Garrigós
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Felipe Ramos
PRODUCCIÓN: Notro Stage/Traspasos Kultur/Teatro Lara/ Zoa Producciones
INTÉRPRETES: Silvia Abascal, Carmelo Gómez
AFORO: Completo.
DURACIÓN: 1 h 50 min.
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca. 21 de noviembre de 2009, 21:00

Pone fin la semana de los eventos una cita con Carmelo Gómez y Silvia Abascal, con Días de vino y rosas. Y la culmina satisfactoriamente. Ojo, como la mayoría de los que llenamos el Liceo aquel sábado post-sabina, yo iba a verlos a ellos porque de la obra no tenía ni idea. Y no defraudaron: ni ellos, ni la dirección, ni la adaptación cinematográfica, ni el gran acierto con la selección musical, ni el adecuado diseño de iluminación –a pesar de los fallos del directo, escenografía y vestuario.
De ellos, de los actores, puedo decir que estuvieron muy sorprendentes al comienzo porque cogieron por los cuernos el toro que se les venía encima y eso hizo que el paso de las rosas de la comedia romántica al vino del drama alcohólico-familiar fuera natural, que ya es difícil. Él estaba como es él, inmenso, como un león; ella un torbellino emocional que clavaba la inestabilidad de su personaje. Me gustan ambos y su energía, había química y buena comunicación escénica entre ellos, aunque él tiene capacidad de sobra para papeles más complejos: ojalá se lanzara a por ellos. A las tablas no les vendría mal que estos dos se paseasen más a menudo por ellas.
De ella, de Tamzin Townsend, puedo decir que este montaje es otra demostración de que es poseedora del don de la ubicuidad teatral y de que es capaz de facturar producciones exitosas (ahí están dos “reza”: El método Grönholm y Un dios salvaje) de teatro comercial con dignidad y calidad.
Un despiste tuvo la adaptación –o su directora, o el público… bueno, hubo un despiste– con los monólogos finales de los actores. Los espectadores interpretaron que, en primer término, monólogo seguido de oscuro suponía final de obra, por lo que el público aplaudió como si fuera terminara, pero todavía quedaban unos cinco minutos y un cambio de escenario. Pero esto es lo de menos, lo de más es que fue agradable y un trabajo muy bien ejecutado que se comunicaba con el público.

29/11/09

EXITUS


SALIDA MORTAL



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EXITUS
AUTORÍA, DIRECCIÓN E INTERPRETACIÓN: Diego Lorca, Pako Merino
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Jordi Soler I Prim
DISEÑO DE VESTUARIO: Pedro Moreno
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Miguel Muñoz
DISEÑO DE SONIDO: Jonathan Bernabeu
VESTUARIO: Mireia Roy
PRODUCCIÓN: Titzina Teatre
AFORO: Mitad
DURACIÓN: 1h 15 min, sin descanso
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca, 28 de noviembre de 2009, 21:00.

Una acude al teatro demasiadas veces por un texto conocido, un actor de renombre, un director reputado… y, de repente, cuando menos se lo espera, va al teatro no sé sabe bien porqué extraña motivación, sin referencias de ningún tipo, y se da de bruces con un espectáculo sorprendente, de esos que dan envidia, de esos que a una le gustaría dirigir o interpretar.
Desde luego, Pako Merino y Diego Lorca me han dejado un sabor extraño y sabroso, una mezcla de envidia, disfrute y admiración, de motivación para crear, de ánimo para no permitirme aburguesar teatralmente al elegir espectáculos. El sabor también ha sido duro, delicado, difícil aunque con apariencia de digestión suave. Ese es uno de los grandes aciertos del montaje: el haber tratado un tema no habitual en los escenarios como es el de la acción de morir desde la cercanía humana y la distancia teatral, sin caer en la sensiblería llorona.
Ese pudor de trato, esa huida del sentimentalismo y emoción fácil en los momentos dramáticos quizá vengan de su formación de la escuela de Lecoq. La precisión milimétrica en movimientos y cambios de escena, la composición esencialmente física de personajes, los rapidísimos cambios de personaje en tan solo un segundo (o quizá menos), el control de energía y ritmo de obra, la escucha del público y su manejo también huelen a Lecoq, pero gracias a los dioses teatrales que su formación de escuela –¡y en esa rigurosa escuela!- no les ha encorsetado ni les ha capado la imaginación, como a veces pasa.
Descomposición caleidoscópica de la historia en escenas que debe ser reconstruida por el espectador, un magnífico puzzle que cobra tan duro sentido al final de la función; seriedad al tratar un tema como el de la muerte introduciendo, dosificada y acertadamente, destellos de humor; uso eficaz e imaginativo de la escenografía y el atrezzo, con unos paneles que se convertían en el tercer actante del montaje; escena final redonda y antológica sin exhibiciones ególatras de la capacidad interpretativa de los actores… Admirable. Eran precisos hasta para saludar.

29/10/09

Maná, maná


LOS HUEVOS Y EL HAMBRE

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MANÁ, MANÁ (EL REGRESO)
AUTOR: Los Ulen
DIRECCIÓN: Juan Carlos Sánchez/Los Ulen
INTÉRPRETES: Paco Tous, Maite Sandoval, Pepe Quero
ESCENOGRAFÍA: Antonio Estrada
ILUMINACIÓN: José M. Brenes
VESTUARIO: Virginia Serna
AFORO: Casi completo.
DURACIÓN: 1h 40 min. sin descanso (aprox)
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca. 18 de septiembre de 2009, 21:00.

No pasa siempre. Algunas veces sales del teatro queriendo darte rabiosamente al alcohol por lo mala que era la obra o por el trabajo defectuoso que has visto; otras, sales tan eufórica que te agarras a cualquier plan nocturno improvisado para proclamar a los cuatro vientos que la función de esa tarde ha sido fantástica. Gracias a San Ginés, San Lope, San William y a todos los integrantes del olimpo teatral por tener noches como esa. Y a los de la crisis, porque si no fuera por ellos Maná, Maná no se hubiera repuesto trece años después. Y a la compañía, porque están en este mundo desde hace más de veinte años haciendo pasar tan buen rato al público, mientras hablan de la injusticia social y la pobreza. Y a los Ulen, porque no necesitan adoctrinar y prefieren usar el humor blanco, la ironía, el sarcasmo, el absurdo, la escatología para que yo pueda rumiar a gusto en casa. Y a su director (directores), que sabe qué es eso del distanciamiento brechtiano, el esperpento, el clown y la picaresca y las pone en escena con coherencia, sin que se le vaya la mano como a otros. Y a los actores, por el dominio respetuoso del público y del ritmo escénico. Y a Paco Tous, por ese estupendo trabajo artesanal de interpretación. Y a Maite Sandoval, por esa vis cómica y esa demostración de matices expresivos. Y a Pepe Quero, por esa solidísima composición de personaje. Y a Lombri, Morci y Mosta, porque además de bufones, cantan fatal y nos mandaron a casa. Y a Maná, maná, por el huevo y su disolución de la economía mundial: “Si todo el mundo tuviera huevos, se acabaría el hambre en el mundo, ¿no?”

Arte


EL CUADRO DE MI AMIGO SERGIO


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ARTE
AUTOR: Yasmina Reza
DIRECCIÓN: Eduardo Recabarren
VERSIÓN: Fernando Masllorens y Federico González del Pino
INTÉRPRETES: Alex O’Dogherty, Iñaki Miramón, José Luis García-Pérez
ESCENOGRAFÍA: Ana Garay
PRODUCCIÓN: Carlos J. Larrañaga y Marisa Pino
AFORO: Casi completo.
DURACIÓN: 1h 40 min. sin descanso
LUGAR: Teatro Liceo, Salamanca. 4 de septiembre de 2009, 21:00.
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”, “Hipógrifo violento…”, “En un lugar de…”, “Cuán gritan esos malditos…”, “Mi amigo Sergio se ha comprado un cuadro”… Hay obras que se reconocen nada más escuchar su comienzo, como si en la primera frase se creara un clima mágico, de comunión con el lector o espectador que conoce la obra y sonríe expectante, inquieto al escuchar o leer su primera frase. Algunos, además, son auténticas declaraciones de intenciones literarias o muestran el desencadenante de los conflictos de la pieza. Sin duda alguna, la relación de amistad (y su deterioro) entre tres hombres acomodados y la concepción mercantilista del arte son los conflictos básicos que se presentan en la primera línea de la obra y sobre los que gira la exitosa y mil veces repuesta pieza de Yasmina Reza, Arte (1994).
Otro fenómeno que ocurre con las obras de teatro por todos conocidas ya sean “clásicos clásicos” o “clásicos (post)modernos” –que dirían los intelectuales– es que uno corre sus riesgos al montarla, sobre todo, si estamos hablando de teatro universitario, aficionado o algunos grupos de trabajo profesional. Eso lo he visto con Don Juan Tenorio, El método Grönholm, La casa de Bernarda Alba y unas cuantas más. El resultado varía según los casos: unas veces el texto te asfixia y le pesa al público, otras el texto se convierte en una sólida piedra sobre la que apoyarse. Arte parece ser de los segundos, un texto fresco que funciona escénicamente y que alegra siempre el oído del espectador. Es una gozada. Otra cosa es que el montaje, ya sea por responsabilidad del director, de los actores o de la premura de la producción, haya sabido aprovechar todos los matices y posibilidades del texto. Creo que esto es lo que le pasa a este montaje: que está muy bien, que te ríes, que disfrutas, pero que notas que hay algo que no funciona, que podían haber llegado mucho más lejos, que se han quedado a las puertas de algo que tiene posibilidades de ser genial pero que dista de serlo. Y el ejemplo más claro es lo sucedido con el famoso monólogo de Iván: Yasmina Reza insertó ese monólogo en la obra porque se dio cuenta de que el personaje de Iván era el que menos texto tenía y, curiosamente, ha sido la parte de la pieza que más se ha aplaudido, un texto con un ritmo vertiginoso y envolvente, magnífico, con un mutis al final para que el actor respire y para que el público aplauda, de esos de los de siempre. Sin embargo, en esta puesta en escena, después de que el actor Alex O’Dogherty interpretara más que dignamente su monólogo, el público, que parecía que sí respondía, no se lanzó al aplauso.